¡Mérida sí tiene playa!

Aterrizamos en tierras yucatecas. El clima cálido y húmedo nos recibe de brazos abiertos. Agradezco el hecho de cargar con shorts y chanclas extra en mi maleta de mano. Estos climas calurosos hay que saber disfrutarlos, en mi caso, son una delicia. Mérida sí tiene playa y estamos a punto de descubrirla.

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Saliendo del aeropuerto nos dirigimos hacia la playa haciendo dos paradas. La primera: la zona arqueológica maya Dzibilchaltún. El Templo de las Siete Muñecas, famoso por ser un sitio óptimo para contemplación de los fenómenos de la Luna y el Sol; son mágicas ruinas adornadas con su enigmático cenote sagrado Xlacah que significa “Pueblo Viejo” en maya, con más de 40 metros de profundidad. De preferencia carga con tu traje de baño y disfruta de sus aguas refrescantes mientras te rodea el sonido de la naturaleza y un par de iguanas tomando el sol.

Segunda Parada: Visita la reserva natural El Corchito. Se llega en bote a los manglares, los cenotes y a los ojos de agua cristalinos, rodeados de peces, tortugas y mapaches. ¡Sí! Mientras descansas acostado en una hamaca después de un buen chapuzón, una manada de amigables mapaches hace su aparición. Sin ninguna restricción, estos coquetos animales aceptan tu compañía y comida. Naturaleza en su máxima expresión. Se recomienda evitar las temporadas altas.

¡Por fin, playa allá vamos!
Puerto Progreso es un pequeño pueblo a tan sólo 20 minutos de Mérida, los viajeros que llegan de la Ciudad de México podrían decir que forma parte de un mismo lugar. Una playa tranquila con mariachis ensayando en el malecón, puestos de botanas mexicanas y aves que juegan entre las olas al atardecer conforman un ambiente totalmente disfrutable. Su sabor local, así como sus marquesitas, son deliciosas. De frente al mar se encuentra mi lugar preferido, recién inaugurado: Crabster es toda una experiencia culinaria, pes- cado fresco y buen gusto. Con variedad de platillos, postres y coc- teles. Su pulpo al pastor es excelente. Cocina de autor frente al mar.
Visitar Mérida teniendo la opción de playa por las mañanas con una agenda llena de actividades de placer y culturales por las tar- des, dan como resultado unas vacaciones con diversión garantizada. Además de una variada vida nocturna.

 

Paseo legendario

Déjate llevar por los edificios y mansiones afrancesadas en Paseo Montejo. El auge del henequén hacia finales del siglo XIX (una especie de fibra del agave utilizada para sacos y cuerdas) llevó a Yucatán a ser el mayor exportador de este producto en los tiempos del Porfiriato, convirtiéndolo en un pueblo rico y próspero.

Las familias ricas optaron por viajar a Europa en vez de la capital de nuestro país. En aquella época había vías rápidas para llegar a la ciudad. Por este motivo, en Mérida puedes encontrar la influencia europea hasta en su vocabulario. Paseo Montejo es la avenida ideal para disfrutar de la belleza arquitectónica de Mérida, de sus construcciones del siglo XIX y principios del XX. La Casa Museo La quinta Montes Molina es un clásico ejemplo de este auge, donde el lujo y la opulencia adornan esta mansión.

También puedes encontrar el Museo Regional de Antropología, mejor conocido como “El Palacio Cantón”. Esta vez contaba con la exposición temporal Máscaras Sagradas, la esencia humana con sus simbolismos velados llenaban este palacio. Otra actividad llena de historia y sabor es ir a La Hacienda San Idelfonso Teya, perfecta para viajar en el tiempo con comida típica yucateca y su deliciosa sopa de lima dentro de una impresionante hacienda. Bernardo Fernández nos cuenta su historia, cuando su abuelo pudo adquirirla después del declive del henequén a cambio de su coche, un Dart viejo; como todo en esta vida, cuando para algunos parece ser el final, para otros es tan sólo es el comienzo. Antes de partir no se te olvide pasar a saludar a su amigable venadito que tienen como mascota. Si tienes suerte, te dará un besito de despedida.

Mérida está de fiesta y se nota. Ofrece todos los días de la semana un actividad cultural gratuita para el público en general. Es imperdible el juego de pelota maya “Pok ta Pok”, donde lo prehispánico y el presente se unen en una celebración, una representación de ciclos cósmicos para complacer a los Dioses. Con esta disciplina, de seguro sí sacaríamos medalla de oro. Entre suspiros, ¡wow!, ¡aaahhh!, vive la intensidad del “Pok ta poK”. Esa noche presenciamos un gran partido. Es un evento gratuito todos los viernes.

Afirmo que al llegar a Mérida, las expectativas que tenía de este destino eran muy altas. Sin embargo, cuando me fui, reconozco que éstas habían sido sobrepasadas. quedé enamorada de sus hermosos lugares y por sus gente, carismática y llena de vida.

 

 

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